22/02/2020

El apego inseguro lo sufre el 40% de la población y es una fuente de dolor.

Daniel A. Hughes, psicólogo clínico, fundador de la psicoterapia diádica del desarrollo

Contraporata LV Exportada

Daniel A. Hughes, psicólogo clínico, fundador de la psicoterapia diádica del desarrolloTengo 74 años. Nací en Pensilvania y vivo en Portland. Casado, tres hijos. Soy doctor en Psicología, formo a terapeutas en psicoterapia diádica. El rumbo extremo del capitalismo está minando el sentimiento de comunidad y de ayuda mutua. Creo en Dios y en lo que representa, una guía para los humanos

Querer y quererse

Lleva más de 40 años ayudando a niños y adolescentes a reconectar con los demás, a querer y a dejarse querer. Es el padre de la psicoterapia diádica del desarrollo, que comenzó como tratamiento de niños que habían sufrido abuso y negligencia y que vivían sin ningún tipo de apego, y que hoy es un modelo general de intervención familiar. Este modelo de psicoterapia combina la teoría del apego y el trauma con investigaciones recientes y con los principios generales de la crianza de los hijos. Su libro Construir los vínculos del apego. Cómo despertar el amor en niños profun­damente traumatizados (Eleftheria) lleva tres ediciones en inglés. El apego seguro, del que carece el 40% de la población en Europa y EE.UU., es la base para una buena sociedad.

Sin apego no hay salud?

Sin apego hay una salud socioemocional deficiente.

Pues ahora está de moda trabajar el desapego.

El apego no tiene que ver con aferrarse. El apego es necesario para tener una sensación continuada de seguridad interna.

¿Eso existe?

Una persona con un apego seguro es capaz de tener una narrativa coherente de su propia vida. El apego inseguro, en cualquiera de sus variantes, es una fuente de dolor.

¿Hay distintas tipologías?

Hay tres: el que quiere gestionarlo todo solo, el que no confía en sí mismo y depende en exceso de los demás, y el apego desorganizado.

¿Apego desorganizado?

Los que no saben gestionarse en circunstancias de estrés porque no se fían de sí mismos ni de los demás, estas personas son las que tienen mayor riesgo de padecer desórdenes mentales.

¿Aparecerán tarde o temprano?

Sí, el apego tiene una función reguladora de las emociones y los sentimientos, y lo vemos en los niños: los que tienen un apego seguro son capaces de gestionar sus emociones con mayor facilidad, de reflexionar y comprender el significado de las cosas, y desarrollan la capacidad de saber en quién pueden confiar y en quién no.

¿Y son mayoría?

En países como Europa y EE.UU. el apego seguro representa el 50% o el 60%. La mayoría de ese 40% con un apego inseguro lograrán tener amistades, un empleo, pero aspectos importantes de su vida se verán afectados.

¿Qué aspectos?

Si sólo dependes de ti mismo, cuando llega una crisis puede que no seas capaz de gestionarla. En el otro extremo, los que dependen en exceso de los demás, ante las crisis se paralizan. Pero los que más me preocupan son el 10% que no son capaces ni de hacerse cargo de sí mismos ni de depender de los demás.

Lo que llama apego desorganizado…

Cuando era un joven psicólogo trabajaba con niños que habían sufrido abusos tanto físicos como emocionales, negligencia, pérdida de los padres… Pero no fui capaz de ayudar a muchos de ellos.

¿Y eso?

Ningún modelo psicoanalítico o psicoterapéutico acabó de funcionar, especialmente en los casos de apego desorganizado, así que me dediqué a desarrollar un modelo basado en las investigaciones sobre el apego, el trauma y en cómo los padres crean los vínculos con sus hijos.

¿Ya tenía usted hijos?

Tenía tres hijos pequeños, y decidí hacer en la terapia lo mismo que hacía con ellos, consciente de que era una manera de actuar en psicoterapia que rompía todas las normas. Los psicólogos estamos entrenados para establecer una distancia con el paciente, no mostrar nuestras emociones, sólo interpretar y comprender.

¿Y usted qué hacía?

Mostrar a los niños de manera explícita que me gustaba estar con ellos, que me interesaba por ellos. Cuando me explicaban sus traumas me permitía emocionarme, y así, ellos sabían que habían tocado mi corazón y no se sentían avergonzados.

¿Avergonzados de qué?

Los niños que han vivido abusos no suelen entender por qué se comportan cómo lo hacen, por qué por ejemplo se pelean constantemente, por qué mienten, por qué sienten tanta rabia. Creen que lo hacen porque son malos o estúpidos, y que nadie los quiere por ello.

Entiendo.

Sabemos que un niño lo hace porque por ejemplo en la primera infancia su padre lo maltrató o vio como golpeaba a su madre. Cuando logro entablar una conversación con ese niño, que ya ha cumplido los 8 años, me comporto de manera muy expresiva, es una conversación muy emocional, no es un sermón, no es informativa.

¿Es una emoción auténtica?

Por supuesto, y eso es lo terapéutico. He entrenado a cientos de psicólogos por el mundo y he comprobado que ser tú mismo, sin reprimir tu empatía ni tu bondad, es el mayor don que puedes tener como terapeuta.

¿Y eso es la diádica del desarrollo?

Sí, es darle expresión a tu humanidad dentro del contexto de la terapia.He comprobado que si un niño que ha experimentado un trauma severo puede contar con el apoyo de una persona, el terapeuta, con la que sentirse apegado y seguro de nuevo, será capaz de desarrollar la resiliencia para que el trauma no lo rompa sino que le haga más fuerte.

¿Pero eso no le hace dependiente?

Les permite entender, y sentir, que pueden confiar en ellos y en los demás.

¿Cuáles son los secretos del apego?

Para los padres hay tres pilares básicos: estar disponibles emocionalmente, ser conscientes de sus deseos y necesidades y ser capaz de responder. Sobre todo darles consuelo cuando están pasando una época de estrés. El consuelo les da la posibilidad de sentirse seguros .

Niños que no han sufrido maltrato ¿desarrollan apego desorganizado?

Es el caso de niños cuyos padres no están nunca disponibles o no son capaces de responder ­empáticamente.

Entrevista realizada por Ima Sanchis, para La Vanguardia, editada y publicada.