12/11/2019

La loca historia de cómo nació Netflix: entre bates de béisbol y champús

Los fundadores barajaron varias ideas antes de lanzarse con las películas

Netflix exp

“Eso nunca funcionará”, espeta Reed Hastings, actual consejero delegado de Netflix, a Marc Randolph en enero de 1997. Hastings dirige entonces una empresa llamada Pure Atria que crea herramientas de desarrollo de software y hace poco ha comprado la start-up Integrity, fundada por Randolph.

Ambos van en coche y Randolph le ha propuesto crear bates de béisbol personalizados: los usuarios rellenarán cuestionarios por internet y ellos usarán una fresadora computerizada para crearlos. Hastings no lo ve. Él es como el Mr. Spock de Star Trek, ultrarracional. Si piensa que algo no funcionará, no lo hará. Son los años de la burbuja de las puntocom , en el que ideas no le faltan a Randolph, incluido champú personalizado por correo. Hastings dijo no.

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Los fundadores barajaron varias ideas antes de lanzarse con las películas

Es el momento de las epifanías para hacer las cosas de otra manera, fueran la de los creadores de Airbnb tras ver que no podían pagarse una habitación en San Francisco o Travis Kalanick tras gastarse 800 dólares en un conductor privado en Nochevieja y creando Uber . En cambio Randolph, que ahora cuenta los primeros años de Netflix en Eso nunca funcionará (Marc Randolph, Planeta, 2019), asegura que la leyenda oficial –que dice que todo comenzó con Reed Hastings devolviendo tarde Apolo XIII a Blockbuster y pagando 40 dólares de multa– no es exacta.

De hecho ellos inicialmente cobraban penalizaciones. Y, sobre todo, la idea no vino en un fogonazo. Para Randolph, las mejores ideas se hacen patentes gradualmente. La idea surgió en un coche con Reed Hastings preguntando por productos que la gente utilice una y otra vez. “Champú”, dice Randolph. “Basta de champú”, dice Hastings. Randolph recuerda que la noche anterior a su hija, tras una pesadilla, sólo le calma un vídeo de Aladdín . “¿Cintas de vídeo?”, inquiere Randolph. “Me acaban de sablear 40 dólares en Blockbuster”, replica Hastings. Y añade: “Puede”.

Es el inicio de una historia peculiar en un mundo en el que aún existe el vídeo VHS. Piensan en ganar dinero alquilando cintas por correo. Descartan el voluminoso VHS y apuestan por el DVD que ya está en Japón y no en Blockbuster. Ellos se van a adelantar. Es el inicio de una locura que pudo interrumpirse tres años más tarde: en pleno estallido de la burbuja puntocom, Netflix se intenta vender a Blockbuster. Valía 50 millones, hoy 150.000 millones. Pero Blockbuster no lo vio claro

Información Editada por La Vanguardia