17/01/2020

¡Tengamos la fiesta en paz! Consejos para salir airoso de las cenas y comidas familiares

Un comentario inapropiado, una discusión sin sentido….En los ágapes navideños todo se exagera y los enfrentamientos familiares pueden pagarse muy caros

Festa de nadals

Los tradicionales ágapes navideños ya hierven en la olla y, aunque esas celebraciones no tendrían que sorprender a nadie (las fechas siempre son las mismas y hay t iempo de sobras para prepararlas), a muchas personas esas citas familiares les siguen pillando de sopetón.

Los que más están notando la presión de estas fechas es ese 33% de los españoles a les que no les gusta la Navidad. Un 27% de ellos afirma que esas fiestas les agradan muy poco –son más que el 26%, que afirma las adoran– y un 6% directamente las odia.

Ante este panorama (la encuesta es de la consultora Ipsos) no sería descabellado presumir que en muchos hogares habrá que esforzarse para tener unas fiestas en paz.

La penitencia de cada año: cuadrar escenarios y calendarios

Algunos dilemas se repiten cada año: ¿En casa de los padres o en la de los suegros? ¿Cena de Nochebuena o comida deNavidad? Si nos acabamos de separar, ¿con los hijos o sin ellos? ¿Con voluntad de molestar al cuñadoo bandera blanca para esquivar discusiones y conflictos…?

El reto para los próximos días tendría que ser salir airoso de todas esas fiestas. Y para conseguir ese propósito todo va a depender de lo que haga o deje de hacer cada uno. Psicólogos expertos en la resolución de conflictos en las relaciones entre personas consultados por La Vanguardia lanzan algunos consejos. Por si pueden servir para algo.

Generosidad

La primera lección, muy básica, pasa por asumir una regla general en las relaciones humanas. “Existen hechos ineludibles en los que se exige saber estar”, afirma Domènec Luengo, psicólogo clínico. Y los encuentros familiares en Navidad entrarían en ese paquete de “hechos ineludibles” exigibles para las relaciones en el entorno más cercano.

A ese 33% de personas a las que la Navidad no les gusta Luengo les propone un esfuerzo: “priorizar el bienestar de nuestros familiares por encima del propio”. Añade que “a veces el mejor regalo que podemos hacer en esos encuentros es la simple presencia en los mismos. Así que asumir que con esa asistencia contribuimos al bienestar al resto de la familia, puede ser una buena receta para afrontar estos días con más generosidad”.

El cuñado y la prima lejana

¡Cuidado con entrar al trapo cuando en mitad de estos ágapes surge –algo muy habitual– ese tema que enseguida se intuye puede generar tensión!, exclama Xavi Savin, psicólogo y experto en coaching. Estos días hay que estar preparado para medir muy bien las reacciones si se quiere salir airoso de una situación incómoda.

“Lo primero que hay que hacer ante un comentario inapropiado es valorar qué papel tiene en esa celebración su autor o autora”. Si es de un familiar muy directo “se puede rebatir o incluso discutir; se da por hecho que el vínculo con esa persona es lo bastante fuerte como para que esa respuesta no ponga en riesgo la relación”, añade Savin. Pero si “viene del cuñado, la nueva pareja de un pariente o de aquella prima lejana a la que a penas vemos el resto del año, lo aconsejable es morderse la lengua y darse unos minutos para valorar si vale la pena o no entrar en ese debate.

Responder o callar

¿Cómo se decide si se responde o se calla? “Si es una opinión fundamentada y la discusión puede enriquecer la velada no hay problema en comentar el tema, pero si se trata de un comentario poco inteligente o insultante, por ejemplo, hacia personas que caen bien a la mayoría de miembros de esa familia o contrario a ideas que se comparten en esa casa, lo prudente es callar. Seguir con el tema sólo nos llevará al conflicto. Consejo muy recomendable, recalca Xavi Savin, “cuando el tema está relacionado con la política o el fútbol, dos materias que tendrían que obviarse en cualquier celebración navideñaque aspire a acabar en paz”.

En casa de los suegros

El escenario es muy importante. “En las reuniones familiares suelen aparecer ‘juegos’ psicológicos perversos entre hermanos, padres, sobrinos, primos o nietos que se han cimentado a lo largo de las respectivas crianzas. El núcleo familiar arcaico se exhibe con toda su potencia y se crean situaciones que sólo esa familia comprende y que pueden incomodar al otro bando familiar”, afirma Domènec Luengo.

Así que el grado de confianza con el resto de comensales es la que debe de marcar el grado de protagonismo de cada uno”. Y continúa: “Hay que analizar de forma objetiva qué es lo que se va a aceptar y lo que no, así como el impacto que puede tener lo que se diga en esas celebraciones”.

Los tradicionales ágapes navideños ya hierven en la olla y, aunque esas celebraciones no tendrían que sorprender a nadie (las fechas siempre son las mismas y hay t iempo de sobras para prepararlas), a muchas personas esas citas familiares les siguen pillando de sopetón.

Los que más están notando la presión de estas fechas es ese 33% de los españoles a les que no les gusta la Navidad. Un 27% de ellos afirma que esas fiestas les agradan muy poco –son más que el 26%, que afirma las adoran– y un 6% directamente las odia.

Ante este panorama (la encuesta es de la consultora Ipsos) no sería descabellado presumir que en muchos hogares habrá que esforzarse para tener unas fiestas en paz.

La penitencia de cada año: cuadrar escenarios y calendarios

Algunos dilemas se repiten cada año: ¿En casa de los padres o en la de los suegros? ¿Cena de Nochebuena o comida deNavidad? Si nos acabamos de separar, ¿con los hijos o sin ellos? ¿Con voluntad de molestar al cuñadoo bandera blanca para esquivar discusiones y conflictos…?

El reto para los próximos días tendría que ser salir airoso de todas esas fiestas. Y para conseguir ese propósito todo va a depender de lo que haga o deje de hacer cada uno. Psicólogos expertos en la resolución de conflictos en las relaciones entre personas consultados por La Vanguardia lanzan algunos consejos. Por si pueden servir para algo.

Generosidad

La primera lección, muy básica, pasa por asumir una regla general en las relaciones humanas. “Existen hechos ineludibles en los que se exige saber estar”, afirma Domènec Luengo, psicólogo clínico. Y los encuentros familiares en Navidad entrarían en ese paquete de “hechos ineludibles” exigibles para las relaciones en el entorno más cercano.

Los niños son los que más suelen disfrutar de los encuentros familiares, cuando reina la paz en las casas
Los niños son los que más suelen disfrutar de los encuentros familiares, cuando reina la paz en las casas (Mike Harrington / Getty)

A ese 33% de personas a las que la Navidad no les gusta Luengo les propone un esfuerzo: “priorizar el bienestar de nuestros familiares por encima del propio”. Añade que “a veces el mejor regalo que podemos hacer en esos encuentros es la simple presencia en los mismos. Así que asumir que con esa asistencia contribuimos al bienestar al resto de la familia, puede ser una buena receta para afrontar estos días con más generosidad”.

El cuñado y la prima lejana

¡Cuidado con entrar al trapo cuando en mitad de estos ágapes surge –algo muy habitual– ese tema que enseguida se intuye puede generar tensión!, exclama Xavi Savin, psicólogo y experto en coaching. Estos días hay que estar preparado para medir muy bien las reacciones si se quiere salir airoso de una situación incómoda.

“Lo primero que hay que hacer ante un comentario inapropiado es valorar qué papel tiene en esa celebración su autor o autora”. Si es de un familiar muy directo “se puede rebatir o incluso discutir; se da por hecho que el vínculo con esa persona es lo bastante fuerte como para que esa respuesta no ponga en riesgo la relación”, añade Savin. Pero si “viene del cuñado, la nueva pareja de un pariente o de aquella prima lejana a la que a penas vemos el resto del año, lo aconsejable es morderse la lengua y darse unos minutos para valorar si vale la pena o no entrar en ese debate.

Responder o callar

¿Cómo se decide si se responde o se calla? “Si es una opinión fundamentada y la discusión puede enriquecer la velada no hay problema en comentar el tema, pero si se trata de un comentario poco inteligente o insultante, por ejemplo, hacia personas que caen bien a la mayoría de miembros de esa familia o contrario a ideas que se comparten en esa casa, lo prudente es callar. Seguir con el tema sólo nos llevará al conflicto. Consejo muy recomendable, recalca Xavi Savin, “cuando el tema está relacionado con la política o el fútbol, dos materias que tendrían que obviarse en cualquier celebración navideñaque aspire a acabar en paz”.

En casa de los suegros

El escenario es muy importante. “En las reuniones familiares suelen aparecer ‘juegos’ psicológicos perversos entre hermanos, padres, sobrinos, primos o nietos que se han cimentado a lo largo de las respectivas crianzas. El núcleo familiar arcaico se exhibe con toda su potencia y se crean situaciones que sólo esa familia comprende y que pueden incomodar al otro bando familiar”, afirma Domènec Luengo.

Así que el grado de confianza con el resto de comensales es la que debe de marcar el grado de protagonismo de cada uno”. Y continúa: “Hay que analizar de forma objetiva qué es lo que se va a aceptar y lo que no, así como el impacto que puede tener lo que se diga en esas celebraciones”.

Ser generoso y aparcar resentimientos  es una buena receta estos días
Ser generoso y aparcar resentimientos es una buena receta estos días (Xavier Cervera)

Una factura muy cara

Los enfrentamientos en celebraciones navideñas suelen ser, cuando surgen, “viscerales”, alerta Luengo. Y eso puede pasar una cara factura personal con “enemistades que pueden durar años”. Una simple manifestación o comentario, que en otro escenario podría pasar desapercibido, puede sacar a la luz resentimientos dormidos. Todo se sobrevalora y exagera.

Así que el reencuentro entre familiares cuando ha existido previamente discordia o mal entendimiento no es la mejor receta, considera Luengo, “para intentar poner remedio a esas enemistades”, a pesar de que muchos piensen que la Navidad es la ocasión perfecta para que la paz vuelva a reinar en la familia. Y recalca: “Lo convencional no siempre se relaciona tan fácilmente con lo deseable”.

Con el ánimo bajo

Las celebraciones de Navidad siguen siendo entendidas y sentidas por muchas personas como una vuelta a las raíces o una oportunidad para el reencuentro familiar. Pero esas largas y multitudinarias cenas y comidas pueden convertirse para algunos, relata Domènec Luengo, en “algo incómodo, insoportable, triste y nostálgico o, simplemente, agotador”. Esas personas son las que peor lo pasan.

“Al ser fechas que relacionamos con épocas pasadas felices en compañía de padres, abuelos, hermanos… la falta de alguno de estos miembros puede generar tristeza”, afirma Xavi Savin. Así que muchas personas suelen afrontar estas fiestas con el ánimo bajo. ¿El consejo? “Nunca hay que intentar escapar de estas celebraciones por la tristeza generada al no poder compartirla con algún ser querido. Lo ideal sería seguir haciendo aquello que tantas alegrías nos dio en el pasado, dándole un nuevo significado”, propone este psicólogo

El dilema de los hijos

La primera Navidad de parejas separadas con niños puede ser un infierno

Diferentes estudios revelan que la Navidad no es una buena época para las parejas que no pasan por su mejor momento cuando llegan estas fechas. Y todo se complica, en el caso de haber hijos, si hay una ruptura meses antes de esas celebraciones familiares. El principal conflicto surge, entonces, con el reparto de los menores a la hora de acudir a las comidas y cenas de las respectivas familias.

Susana Antequera, abogada especializada en derecho de familia y penal, afirma que la carga emocional de los padres está en su grado máximo las primeras navidades después de la ruptura. Y aconseja a esas parejas “a actuar con inteligencia, aparcar rencores y batallas innecesarias, priorizar el bienestar de sus hijos y facilitarles unas fiestas tranquilas”. Nunca hay que olvidar, recalca esta letrada, que “los hijos no han elegido la ruptura de sus padres” y menos antes de estas fechas tan señaladas.

“Hay que aparcar rencores y priorizar el bienestar de los hijos, facilitarles unas fiestas tranquilas”

SUSANA ANTEQUERA Abogada experta en derecho de familia

El psicólogo Xavi Savin recomienda tener en cuenta la opinión de los hijos a la hora de repartirse a los menores en estas fechas (preguntarles si prefieren estar con los abuelos maternos o paternos), pero advierte “que ese nunca debe de ser un criterio único si hay indicios de que puedan estar influenciados de manera consciente o inconsciente por uno de los miembros de la pareja o sus familiares”.

Domènec Luengo afirma, por su parte, “que el bienestar del menor debe de primar sobre cualquier otro aspecto”. Aunque reconoce que esto no siempre se cumple y menos cuando las separaciones no son amistosas. “Las fiestas navideñas se programan sobre un reparto de días y participación familiar diversa que ya suele generar, en condiciones normales, fuertes disensiones y discusiones por agravios personales si alguno de los cónyuges considera que la familia de la pareja sale más beneficiada que la propia con esa agenda”

Lo peor que puede hacer una pareja, en esas mesas a las que no les falta de nada, es usar a sus hijos como moneda de cambio.
Lo peor que puede hacer una pareja, en esas mesas a las que no les falta de nada, es usar a sus hijos como moneda de cambio. (Xavier Gómez)

Tras una ruptura ese sentimiento puede aumentar “al sentirse desprotegidos la madre o padre que no tiene a sus hijos por la posible alineación a la que puedan ser sometidos esosmenores cuando se sientan en la mesa de la familia de su expareja”.

“Es muy triste para esos pequeños que la época más ilusionante de todo el año se vea truncada por la falta de sensibilidad de sus padres”, lamenta Susana Antequera al referirse a esos padres y madres que utilizan a estos menores como “moneda de cambio” en las fiestas navideñas.

Esas parejas deben de entender que “las vacaciones de Navidad conllevan una carga sentimental importante, y dependiendo de su actitud y conducta dañarán a sus hijos creándoles sentimiento de culpabilidad y de pérdida si aprovechan esas celebraciones para hablar mal de su ex pareja”, concluye esta psicóloga.

Una época propicia para que se rompan lazos sentimentales

La estadística del Consejo General del Poder Judicial no engaña. En el primer trimestre de 2018 (últimos datos disponibles) se registraron en España casi treinta mil demandas de separación y divorcio. Un 26% de las tramitadas ese año. Y otro dato extraído de un estudio publicado en el portal Information is Beautiful: el 11 de diciembre es el día más probable para que una pareja rompa su relación.

Una constatación que no extraña a Adrián Montesano, psicólogo y experto en terapia de pareja. “Mientras la vida sigue su rutina es fácil dejarse llevar por la inercia, pero cuando se acerca la Navidad todo se precipita entre esas parejas que no se llevan bien al saber que van a tener que afrontar juntos un periodo intenso de vida familiar”, afirma. Vale tanto para parejas que llevan muy poco tiempo juntas –el que anhela separarse decide que no quiere que esa persona aumente los lazos con su familia– como para uniones que duran años. “La Navidad es un buen momento en estos casos para comunicar que todo se ha roto”, afirma el sociólogo Francesc Núñez.

Síndromes propios de las fiestas navideñas

El del Villancico

Un estudio realizado por Nascia revela que más de 60% de personas sufren cuadros de ansiedad y estrés en los días previos a la Navidad. Es lo que Sílvia Sumell, profesora de Psicología en la UOC, denomina el “síndrome del villancico”. Se padece por “el exceso de consumismo, la obligatoriedad de ser feliz esos días, por elreencuentro con personas que no nos caen bien, la presión para que todo salga perfecto o el temor al conflicto familiar”, relata Sumell.

Esta psicóloga recalca que las mujeres son más propensas a padecer este estrés propio de la Navidad, “debido a que ellas asumen una mayor responsabilidad y dedicación a los preparativos”.

La paradoja del obsequiante

Acertar con el regalo perfecto depende de cuatro variables: el precio, el tiempo en la elección, la energía mental en planificar la compra y el coste físico para conseguirlo. Los regalos más preciados son los más costosos en tiempo y esfuerzo, tanto mental como físico. El precio no importa. Pero ojo –alerta Neus Soler, profesora de Economía y Empresa de la UOC– cuando en un mismo paquete hay más de un obsequio.

“El que regala entiende que más es mejor, pero el que recibe interpreta que si al objeto más caro se ha tenido que añadir un obsequio más barato, es porque el primero no tiene el valor que parece tener” . Es lo que se conoce como “la paradoja del obsequiante”.

El mal del niño hiperregalado

España se situa en segundo lugar, detrás de Gran Bretaña, en gasto navideño. Son 601 euros por persona, de los cuales casi la mitad se van en regalos. Los niños tienen buena parte de la “culpa” de ese gasto al pensarse, “equivocadamente, que los pequeños de la casa tienen más necesidad de recibir que de dar”, alerta el psicólogo José Ramón Ubieto.

Coincide con esa tesis el sociólogo de la UOC, Francesc Núñez. “A esos niños se les regala mucho más de lo necesario y más de lo que la emotividad de un menor puede aceptar”, afirma. Los niños “hiperregalados” no agradecen después el valor de esos obsequios, coinciden los dos expertos.

Información editada y publicada por La Vanguardia