04/04/2020

Fernando Simón, el hombre que da la cara ante el coronavirus

El director del Centro de Emergencias Sanitarias demostró en el 2014, con la alerta del ébola, que las crisis de salud pública deben estar dirigidas por los expertos, que saben de qué hablan, y no por los políticos

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Un reportaje de Celeste López para La Vanguardia

¡No se pueden imaginar la satisfacción que recorrió la sala de prensa del Ministerio de Sanidad cuando entró por la puerta Fernando Simón! Su llegada nos dejó claro a los periodistas que la información sobre el coronavirus que recibiríamos iba a ser lo más sencilla posible, que podríamos acercarnos un poco a entender algo tan incomprensible para la gran mayoría de los ciudadanos (aunque muchos creen que llevan un médico dentro) cómo es la evolución de un virus y, encima, con tranquilidad y sosiego. Porque Fernando Simón destaca, precisamente, por transmitir con cada gesto y con cada palabra calma y serenidad en momentos en que el miedo se apodera de la población.

Simón es un viejo conocido de los periodistas. Fue en el 2014, cuando otro virus, el ébola, mucho más peligroso que el actual, llegaba a España procedente de África. Frente al Ministerio de Sanidad, Ana Mato, una mujer cuya única experiencia se limitaba al mundo de la política (en la organización del Partido Popular y como eurodiputada). Y como un político de escasa comprensión del mundo exterior, decidió que ella y sus colaboradores iban a gestionar esa crisis.

En una situación en la que el miedo se apodera de la población, transmite tranquilidad y sosiego

Todo salió mal. El miedo se instaló en la sociedad al no saber Mato responder a ninguna de las preguntas que le hacían los medios de comunicación, que eran las que se hacían los ciudadanos. No quiso delegar en técnicos y eso que los tenía al lado, en el mismo edificio donde estaba su despacho.

El deseo de protagonismo tan propio de algunos políticos acabó con su carrera. La entonces vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se hizo cargo del “problema del ébola”. Consciente de que las limitaciones que tenía para afrontar una alerta sanitaria y sus implicaciones, preguntó a quienes saben, los profesionales sanitarios. Y entonces se encontró con Fernando Simón, que entonces ya dirigía el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, un hombre calmado, docente, equilibrado, que conoce perfectamente cómo funciona el sistema sanitario español, que defiende con uñas y dientes. “¡Ojalá pudieran ver ustedes cómo trabajan los profesionales, su dedicación, el nivel que tienen!¡Ojalá lo vieran con sus propios ojos, desde dentro, y se acabarían todas las dudas que a veces planean sobre el sistema español!”, decía hace unos días en un intento de hacer entender el esfuerzo para atajar este Covid-19 y cómo se adoptaban las decisiones.

Su llegada supuso respuestas, claras y concisas. Y la tranquilidad llegó a la población, algo que desconcertó a algunos políticos del momento. Simón “parece el médico de una oenegé o del 15-M”, comentaba un asesor de aquellos tiempos. Nunca lleva corbata, siempre camisas y chaqueta o jersey de lana (entonces era verano y no la llevaba), con su pelo revuelto (ahora canoso) y va al grano, a dar información de salud pública. “Yo no soy político”, señala.

Fernando Simón nació en 1963 en Zaragoza, en una familia con médico (su padre es psiquiatra). Estudió Medicina en su ciudad natal, pero no la especialidad paterna (aunque quienes le conocen dicen que algo tiene de ella) y se dirigió hacia la Epidemiología. Sus primeros pasos los dio en consultas rurales y, poco después, emprendió camino hacia África (Somalia, Mozambique, Tanzania…) y también Latinoamérica (Ecuador, Guatemala…). “Recorrió, aprendió, entendió, se formó y, luego volvió a Europa (el Reino Unido y Francia)”, dicen algunos de sus colabora-dores.

Llegó a España en el 2003, con dos hijos nacidos “por los mundos” y un tercero que le llegó más tarde. Su encargo era montar la unidad de alertas y emergencias de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Ocho años después, se puso al frente del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, de la mano de Mariano Rajoy. A ningún gobierno posterior se le ha ocurrido apartarle de ese cargo.

Ahora Simón lleva semanas encerrado con su equipo y con los de las comunidades autónomas. Sin descanso, 10 y 12 horas. Sabe que es el momento de estar, que tendrá que dejar para otro momento pasar más tiempo con la familia, con sus amigos, ver baloncesto, ir a la montaña.., Hay que contener el Covid-19, con un equipo al que no cesa de alabar por su nivel (“muchos saben más que yo, se lo aseguro”). Por no poder, no podrá ni ir a la manifestación de mañana, 8-M (“los que tengan síntomas que no acudan”, recuerda), acto que “puede celebrarse…y deseo que sea un gran éxito”, dice con una sonrisa cómplice.

¿Está preocupado por el coronavirus? “No.Habrá que tomar las decisiones que haya que tomar en cada momento que se demuestren efectivas y que tengan la menor afectación posible para los ciudadanos. Sí me preocupa que no acabemos con él y que en otoño reaparezca”, señala con su habitual calma.

Información editada y publicada por La Vanguardia