Metges de Catalunya (MC) pide un incremento sustancial de los recursos humanos y económicos destinados a la atención primaria para frenar en seco el “deterioro extremo” que sufre la especialidad de medicina familiar y comunitaria, inmersa en una “situación límite” después de un año de pandemia y una década de recortes.
Con motivo del Día Mundial del Médico y la Médica de Familia, que se celebraba este miércoles, un centenar de delegados y delegadas del sindicato se concentraron por la mañana en la plaza de Sant Jaume de Barcelona para reclamar al Departament de Salut la mejora “urgente” de las condiciones laborales y profesionales de este colectivo, “ahogado por la sobrecarga de las consultas, el déficit de personal, la carencia de reconocimiento y el desprecio a su autonomía y capacidad de decisión”.
Los facultativos, vestidos de negro, han dejado sus batas blancas encima de unas sillas colocadas ante la Generalitat, para simbolizar la falta de profesionales y el futuro catastrófico que se acerca, como consecuencia de la escasez crónica de medios destinados al primer nivel asistencial. Posteriormente, han desplegado tres pancartas que, bajo el lema “Queremos ser”, reivindicaban el aumento de la plantilla, más tiempo por visita y un mayor reconocimiento y respecto a los médicos y las médicas de familia.
Para MC, el abandono progresivo de la atención primaria “está hundiendo los centros de salud y sus profesionales” que “no ven la luz al final del túnel”, después de muchos años de sobreesfuerzos para contrarrestar el déficit de recursos humanos. Según los cálculos de la organización, el primer nivel asistencial necesita incorporar más de un millar de facultativos, la mayoría especialistas de medicina familiar y comunitaria, “para afrontar con garantías el final de la pandemia de COVID-19 y poder recuperar con normalidad la atención a las enfermedades crónicas”, teniendo en cuenta, además, que la actividad en los centros de salud se ha incrementado notablemente el último año.
Uno de los efectos de este “declive agónico” es el incremento de las bajas laborales por estrés, ansiedad o depresión entre los especialistas de medicina familiar y comunitaria que “se han triplicado en los últimos tres años”, a pesar de ser un colectivo médico tradicionalmente poco absentista.
Esta precarización creciente, en opinión del sindicato, “empuja muchos profesionales a abandonar la atención primaria y buscar nuevas oportunidades laborales en el ámbito de las mutuas, la sanidad privada o, incluso, en otras comunidades autónomas o países”. De hecho, solo un 50% de los médicos y las médicas de familia que acaban su especialización en los centros de atención primaria (CAP) públicos o concertados se quedan a ejercer en el primer nivel asistencial