Reproducimos este artículo del blog editado por el historiador Manuel Domínguez, que nos explica los inicios del Pistomerismo y su vinculación a L’Hospitalet:
La noche del 30 de noviembre de 1917, Antoni Trinxet salía de su gran fábrica textil de la Carretera de Santa Eulàlia en dirección a su casa. Seguramente estaba nervioso: solo hacía 7 meses que su padre y fundador de la empresa había muerto y este tiempo en el que dirigía la empresa había sido complicado, especialmente por las tensiones con el sindicato de los contramaestres.

Los contramaestres, que hasta hacía muy poco eran sus hombres de confianza en la fábrica, ahora también habían creado un sindicato, el Ràdium, y planteaban sus reivindicaciones. Otros empresarios habían cedido, pero él y tres más del barrio Sants se mantenían inflexibles.
Desde el inicio de la Gran Guerra, la I Guerra Mundial, de 1914 a 1919, los negocios iban muy bien. Habían hecho una gran ampliación de las instalaciones fabriles, pero los y las trabajadores/as manifestaban su descontento de muchas maneras, porque los precios subían mucho más que los salarios.
El ejército había tenido que intervenir para sofocar la huelga general del verano anterior. Incluso, el empresario aprestador Tapias había sido asesinado unas semanas atrás…
De repente, en la Carretera de la Bordeta, a la altura de la Calle Portugalete, unos disparos lo van sorprendieron. Nos imaginamos que después del susto, se sintió aliviado que solo una bala lo había rozado. Aun así, su cochero, Miquel Esquirol, no tuvo tanta suerte, y recibió un disparo en el abdomen, que provocó su muerte.

En el grupo que les dispararon estaban los hermanos Pere y Joaquim Vandellós, dos jóvenes de Santa Eulàlia. En aquel momento, Antoni Trinxet no sabía que aquel hecho formaba parte de la primera oleada de atentados contra los patrones y sus aliados. Los hechos, por orden cronológico, fueron:
– Intento de asesinato de Josep Oller, mayordomo de la fábrica de Valet, Vendrell y Cía, el 5 de agosto del 1917, en Sants.
– El asesinato a disparos de Joan Tapias, empresario, el 7 de octubre del 1917, en el Clot.
– La muerte de Jaume Casadevall, hijo del encargado de la fábrica de Eusebi Bertrand y Serra, a la Marina de Sants, el 24 de octubre del 1917.
– El atentado contra Antoni Trinxet, en el que murió su cochero, Antoni Esquirol, el 30 de noviembre del 1917, en la carretera de la Bordeta.
– La muerte de Joan Llopis, empleado de la fábrica de Trinxet, el 27 de diciembre del 1917, en Sants.
– La agresión a Jerónimo Figueras, director de varias secciones de la fábrica Busquests Hermanos, el 4 de enero del 1918, en L’Hospitalet.
– Muerte de Josep Albert Barret, presidente de entidades patronales del metal, el 8 de enero del 1918, a las puertas de la Escuela Industrial, donde era profesor; su compañero Francesc Pastor, también fue herido.
No se incluyó en el sumario la explosión de un artefacto en el Paseo de Isabel II, también en enero del 1918.

¿Quién había perpetrado estos ataques? El poder reaccionó y se nombró, en el mes de febrero del 1918, al magistrado Galo Ponte como juez especial para tratar estos hechos, conocidos como “los crímenes societarios”. Hoy sabemos que esta fue la primera página del pistolerismo barcelonés.
El pistolerismo es el episodio histórico, que empezó hacia el 1917 y acabó en 1923, al que podemos definir como el enfrentamiento armado entre grupos más o menos ligados a los sindicatos obreros de izquierdas, y grupos afines a la burguesía: las fuerzas del orden, grupos parapoliciales o grupos surgidos de los sindicatos reaccionarios.
El sindicato que más se asocia al pistolerismo es el anarquista CNT. Aun así, en el nacimiento del pistolerismo tuvo tanta o más importancia otra organización sindical: el Ràdium.

La policía empezó a actuar y en abril de 1918 había, como mínimo, veinte hombres encarcelados y siete más estaban en busca y captura, aunque otras muchas personas fueron detenidas a lo largo de la investigación policial.

Las versiones policiales son muy parciales e interesadas, y solo son creíbles cuando son confirmadas por la otra parte. Por el Ràdium tenemos la obra escrita por Jaume Marquès, que formó parte durante toda su vida que y conoció a los fundadores del sindicato. La aparición del Ràdium fue recibida con alarma y rechazo por parte del patrones, que decidieron despedir a todos los contramaestres y ayudantes que se afiliaran o hicieran proselitismo. Las empresas que más destacaron en la lucha contra el Ràdium fueron La España Industrial (de los Muntadas), Balet y Vendrell, Batlló y Trinxet. Lo explicaba así:
“La hostilidad puesta de manifiesto por parte de los patrones textiles más importantes de Barcelona contra el naciente Sindicato de Contramaestres “EL RÀDIUM” fue la causa del comienzo de un lamentable periodo de agresiones entre algunos despedidos y los que ocupaban sus puestos de trabajo y los que los contrataban, a lo largo del cual hubo un número indeterminado de víctimas, alguna de ellas mortal.
Aquellos hechos impresionaron a buena parte de la población, no por los hechos en sí mismos, por cuanto de muchos años acá había habido numerosos atentados y actos de violencia por causas parecidas, en el ramo del textil y en otros ramos, sino por sus protagonistas, porque era la primera vez que unos trabajadores muy calificados como eran los contramaestres intervenían en una lucha de aquella naturaleza, lucha que en el fondo detestaban, pero ante el que consideraban una agresión por parte de los patrones contra su vida y la de su familia al dejarlos sin trabajo por el hecho de haberse afiliado a un sindicato, algunos de ellos creyeron que era el único medio de defensa a su alcance, puesto que, prácticamente, no había ninguna ley ni ninguna disposición que reconociera, de hecho, el derecho de huelga, la libre sindicación y que garantizara el puesto de trabajo; contrariamente, los patrones, alegando cualquier motivo, tenían el derecho de despedir los trabajadores, sin que estos pudieran recorrer contra aquella decisión (…); solo tenían la posibilidad de contar con el apoyo del resto de los trabajadores de la empresa, cosa que no era nada fácil, por cuanto podía significar también la pérdida de sus puestos de trabajo. ”[1]
La desesperación, la persecución de la que eran objeto, la negativa al diálogo de los patrones y del poder político empujaron al Ràdium a incorporarse a los hábitos violentos habituales en otros ambientes obreristas. De los siete atentados incluidos en el sumario de los crímenes societarios, cuatro, los de Oller (de la fábrica de Balet y Vendrell), el de Casadevall (de otra gran fábrica textil de Sants, la de Bertrand y Serra) y los dos de la fábrica Trinxet, están relacionados, con toda seguridad, con el conflicto del Ràdium.
Una aclaración; cuando hablamos del conflicto del Ràdium no estamos hablando de si legalizar o no un sindicato de unos obreros que, al fin y al cabo, eran una minoría en el conjunto del sector textil. Se trataba de descabezar el movimiento obrero en el ramo más importante de la economía y de la obrerismo. Los contramaestres eran pocos, pero eran los más cualificados, a menudo con más conocimientos que los patrones o los ingenieros. Eran, quizás, la última expresión de los orgullosos “hombres de oficio” con capacidad para desarrollar una actividad económica sin el concurso de la burguesía. Eran, según la Soli, “el eje del Arte Textil” y, por lo tanto, eran temidos por los patrones cuando no los tenían bajo su dominio, como fieles subordinados a la espera de ascender a mayordomo.
En cuanto a la CNT, su dirigente Ángel Pestaña escribió en 1923 que a Barret lo asesinaron Eduard Ferrer, entonces dirigente de la CNT pero en realidad infiltrado de la policía, y cinco sindicalistas a los cuales Ferrer convenció que era una decisión del sindicato porque Barret “era el patrono que más intransigente se mostraba a las reivindicaciones de los obreros metalúrgicos”[2].

Es decir, que reconoce que los autores materiales de la muerte del empresario fueron cenetistes, aunque los instigadores fueran la embajada alemana, su agente, el comisario Bravo Portillo, y el confidente de este, el infiltrado en la CNT Ferrer. Estos cinco hombres eran los hermanos Joaquim y Pere Vandellós (muy probablemente residentes en Santa Eulàlia), Pere Boada, Pere Valero i Salvador Espina.

Por lo tanto, Barret había sido asesinado por los servicios secretos alemanes, porque en sus fábricas se trabajaba por los franceses. A lo largo del año 1918 el órgano cenetista Solidaridad Obrera publicó unas cartas que mostraban que el jefe de la policía Bravo Portillo estaba a sueldo de los alemanes. Era evidente, pues, quién había cometido el atentado y quien estaba interesado a encontrar los cabezas de turco, reprimiendo la CNT de paso[3].
Justo es decir que la muerte de Barret fue la inspiración por Eduardo Mendoza en su primera y gran novela, La verdad sobre lo caso Savolta.
Ah!, las fábricas de Savolta eran a L’Hospitalet.
Si queréis saber más…
http://www.raco.cat/index.php/quadernscelh/article/view/250000/357497
