Pedro Alarcón, que nació en 1927 no conocía el sector de la hostelería hasta que empezó a ayudar a su hermano en un chiringuito en los astilleros de Barcelona.
Esta experiencia le permitió ganar en conocimiento de como había que llevar un establecimiento, y abrir en el año 1969, un bar de comidas en la calle de Roca i Umbert de L’Hospitalet, en el número 9.
Más allá de los cuatro edificios que habían construido en aquel vial, y algunas naves de talleres, todo el resto eran campos de verduras, que recordaban que L’Hospitalet todavía en parte había sido una población agrícola.
Pedro Alarcón formó parte de aquella generación en que el esfuerzo, el trabajo y la tenacidad no les daban miedo, al contrario. En el bar, le ayudaban su mujer que se cuidaba de la cocina, y a medida que se fueron haciendo mayores sus tres hijas, que le apoyaban en todo lo que podían a sus padres, y que son las que más adelante continuaron con el negocio.
Ahora es María José la que sigue delante del establecimiento, y con las mismas características y estilo que sus padres y hermanas, la buena cocina de toda la vida, la nuestra, sin más filigranas que la calidad, y el buen producto.
El Bar Alarcón, es posiblemente de los últimos bares de comidas caseras que quedan en L’Hospitalet, y responde a otro momento de nuestras vidas. La comida es la que cocinaban nuestras abuelas: un buen surtido de tapas, tortillas de patatas, bocadillo de lomo, pimiento verde y queso excelente, pescado del día, todos los bocadillos con pan crujiente…
Todo lo que pruebes te va a gustar, las raciones son generosas y los precios ajustados. Limpieza y un trato agradable y familiar que ofrece María José. Y por esta razón sigue llenando sus mesas, de lunes a sábado en horario de mañana y mediodía, de clientes de toda la vida, y de los más jóvenes con mucho apetito que aprecian la comida casera.
En la conversación que hemos mantenido con María José, le salen muchos recuerdos y anécdotas, y también dos nombres de dos personas, a los cuales ella quiere agradecer la ayuda que le prestaron a su padre y a la familia, en los inicios del negocio, y con los cuales han mantenido siempre una relación de confianza, y fidelidad: Justo Arús Villarrubla, que ha sido el propietario del inmueble, y descendiente de la familia Arús, y Josep Tubau Campamà, quien les ha suministrado siempre las frutas y las verduras, hasta la actualidad, y que en todos estos años les ha prestado el apoyo, personal.




