05/11/2026

Por qué tantas personas enferman cuando empiezan las vacaciones: depresión, cansancio, mal humor…

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PAREJA TRISTE
31/07/2023

“Todo el año anhelando las vacaciones y, cuando llegan, voy y me pongo malo”. Casi todos conocemos a alguien que se identifica con esta frase.

Casi todos hemos conocido alguna persona que le ha ocurrido o le ocurre: pasarse los primeros días de descanso estival enfermos, incluso en cama. Si no es fiebre es dolor de cabeza, y si no un virus intestinal, o un mal humor, un cansancio y una apatía descomunales, y cada año cuando vuelven las vacaciones les ocurre.

Los médicos admiten que cada vez atienden a más turistas con síntomas de enfermedades relacionadas con el hecho mismo de estar de vacaciones. ¿Qué pasa en las vacaciones para que nos pongamos enfermos?

“La vida de hoy en día conlleva un desgaste importante; todos estamos bastante desbordados en nuestro trabajo, y es algo estructural que no podemos resolver por nosotros mismos; así que aguantamos y aguantamos y luego el cuerpo, cuando aflojamos, nos pasa factura”, explican los especialistas.

Borja Farré-Sender, psicólogo y coordinador de la Unidad de Ansiedad y Estrés del Hospital Universitario Dexeus, asegura que no es casualidad que determinadas personas enfermen en vacaciones, que se sientan agotados, les duela la cabeza, solo tengan ganas de estar en la cama.

Algunos expertos ya lo han bautizado como el síndrome de las vacaciones o la depresión de la tumbona, y explican que hay razones biológicas, psicológicas, sociales y familiares que propician este malestar durante el descanso estival, según manifestó a la VANGUARDIA, el psicólogo.

Farré-Sender asegura que el desencadenante es el cambio brusco de pasar de la sobreactividad y el estrés a la inactividad y el descanso. “Si has tenido la agenda llena, una carga de trabajo importante, el organismo está programado para una respuesta exigente, y si de pronto suprimes estas exigencias laborales porque estás de vacaciones, el cuerpo se queda de golpe sin retos y puede sentirse mal”, justifica.

Porque ese cambio de exigencias tiene impacto fisiológico, genera cambios hormonales que repercuten en el sistema nervioso y en el sistema inmunológico. Diversas investigaciones indican que mientras estamos sometidos a estrés se dispara el nivel de adrenalina y cortisol, que afectan a los procesos inflamatorios y a la reacción inmunológica, de modo que cuando el nivel de estrés baja es posible que haya tejidos inflamados y más probabilidad de que el organismo no responda bien ante los virus y la persona enferme.

“Esto ocurre no solo en vacaciones; también pasa a menudo los fines de semana, que has ido aguantando toda la semana y llega el viernes, aflojas, y te sale el constipado o el virus de turno; y también se observa en personas que han tenido que cuidar a alguien enfermo y, cuando esa persona falta, pegan ellos el bajón; porque tras una etapa de preocupaciones y de mucha exigencia, de haber tirado mucho de adrenalina, llega la relajación y el cuerpo pasa la factura, es como si al aflojar nos diéramos permiso para caer”, relata De Pascual Verdú.

Pero, según Farré-Sender, el funcionamiento del estrés no es sólo un proceso orgánico, y que nos sienten mejor o peor las vacaciones no es solo cuestión de hormonas. También tiene mucho que ver con los recursos psicológicos de que dispone la persona y de su personalidad. “Hay personas a las que les cuesta mucho desconectar del trabajo, que no se sienten a gusto fuera de su rutina laboral; son personas con alta implicación laboral, sentido de la urgencia elevada, que son muy impacientes y normalmente hostiles, y cuando están de vacaciones no saben qué hacer porque necesitan trabajar bajo presión, se sienten a gusto con los retos, les entusiasma saber que han de conseguir unos objetivos, y en vacaciones no se dan estas circunstancias”, apunta el experto en ansiedad y estrés de Dexeus, a la Vanguardia.

Pascual Verdú opina que más que cuestión de personalidad, es cuestión de actividad. “Las personas con trabajos que tienen una alta carga de intensidad, que han de estar alerta todo el tiempo y de manera sostenida, están sometidas a mucha tensión y tienen más riesgo al desconectar”, dice. No obstante, precisa que esa mayor o menor capacidad de desconectar también tiene que ver con la vida y el entorno de cada uno. “Cuanto más patas tenga la vida de una persona, mejor; si tienes una vida rica fuera del trabajo, si tienes aficiones que practicas sin depender de otros, eso es un factor de protección enorme” porque cuando desaparece tu actividad laboral no es un problema, tienes otras cosas en qué centrarte.

Pero también hay circunstancias sociales y familiares que contribuyen a que no todas las personas se sientan bien en vacaciones. A algunos se les hace cuesta arriba tener que planificar viajes, reservar hoteles u organizar encuentros familiares. A otros lo que les resulta difícil es recuperar un rol que durante el año tienen abandonado, sea el de padre, madre, el de hijo o el de pareja. Por no hablar de aquellos para quienes vacaciones significa enfrentarse a dificultades económicas o durante el parón estival perciben más la amenaza de la precariedad laboral o de la inestabilidad política, por ejemplo.

FUENTE DE LA INFORMACION LA VANGUARDIA-MAYTE RIUS